Ante la regular ocurrencia de grandes catástrofes socio naturales y tecnológicas en el mundo en la ultima década, cada día la resiliencia entendida como la “capacidad de reaccionar con efectividad y rapidez a los efectos de los desastres” (Tierney, 2007) se fortalece a nivel de nuestras comunidades vulnerables a desastres socio naturales, evidenciando una sociedad con poca vulnerabilidad en algunos sectores pero con gran capacidad de resiliencia para enfrentar peligros conocidos y previstos. En relación con la gestión de riesgos la realidad previsiva se presenta con mucha debilidad al momento de sucederse contingencias, observando mucha improvisación al autoresponder y simulando graves daños para ser centro de atención de los equipos que deben mitigar las consecuencias. Actitud que refleja la débil preparación y la omisión de medidas comunes para estos casos que todos los Venezolanos y especialmente guariqueños debemos procurar, a fin de evitar ser protagonistas regulares de emergencias y eventos adversos que suelen tocarnos en forma súbita en un momento dado. Hablar de Gestión de riesgos no es más que “asumir responsablemente una actitud previsiva frente a nuestros riesgos y potenciales amenazas, donde nuestra condición de vulnerables se convierta mediante acciones mitigantes y de autoprotección en un conjunto de oportunidades para enfrentar situaciones de peligro” en cualquier periodo climático del año: sea de sequía o el de invierno. Con ello damos cabida a nuevas experiencias de seguridad en el contexto de la dinámica social que nos permite el desarrollo, además de contribuir a consolidar la cultura preventiva que cada individuo debe asumir en su vida cotidiana para reducir consecuencias que generen interrupción del equilibrio social que mantiene una población activa. El termino “Riesgo” no es simplemente “peligro o “desastre” es también desequilibrio, atraso socioeconómico y deterioro ambiental. Es y seguirá siendo un problema del desarrollo donde obviamos la previsión, la autoprotección y la acción mitigante por considerar la calidad de vida nuestro objetivo. Esta conceptualización nos lleva a evaluar la gestión de riesgos desde la óptica de la Gerencia en nuestros entes responsables de administrar emergencias, y adicionalmente realizar una retrospectiva de desastres ocurridos en territorio guariqueño como razón para motivarnos en fortalecer las estructuras y niveles de Organización de todos quienes somos corresponsables de la seguridad y defensa Ciudadana, a la cual debemos sumar los diversos sectores que aún no se integran. Entre algunos eventos ocurridos en el período 2005 y 2009 encontramos en los registros unas 25 victimas por inundaciones, se contabilizaron 8.345 afectaciones a viviendas con destrucción de unas 234, se estimaron perdidas en la actividad agropecuaria por el orden de los 5 mil millones de bolívares, y se evidenciaron grandes daños a la infraestructura vial entre ellas colapsos de puentes, deterioro y desaparición de kilómetros de asfalto, se incrementaron los accidentes de transito con innumerables victimas fatales y otras discapacitadas, y aumentaron las construcciones anárquicas en zonas de riesgo por inundaciones, en terrenos inestables y al margen de quebradas y ríos importantes. Estos datos quizás suenen alarmantes traducirlos en pérdidas millonarias pero lo lamentable es el costo en vidas que no podemos poner precio ni restarle importancia, por el impacto psicológico y la deuda familiar que a todos genera y circunstancialmente al propio Estado, donde mayormente la población activa es la impactada. Se le suma a los efectos del periodo de lluvias algunas tragedias viales donde el numero de lesionados y fallecidos supera la capacidad de respuesta de los Órganos de Emergencia y la propia capacidad de atención del Sistema de Salud. Cabe destacar que en los últimos dos años venimos siendo testigos de la demora en la atención de emergencias, de un cambio de uso brusco de los pocos equipos de avanzada para atención de desastres con que cuenta el Guárico donde mejor otrora fuese sido ajustar los sistemas actuales; le sigue la reducción forzada de personal “calificado” que con gran esfuerzo y sacrificio se capacitó para ser garante de la vida y la integridad del colectivo tanto a nivel físico como de su infraestructura y demás sistemas. Aunado a lo anterior la falta de políticas públicas en materia de Gestión de Riesgos y autoprotección ciudadana, que demanda el poder comunal para promover la ejecución de medidas de mitigación de desastres en sus comunidades por la tradicional ocurrencia de afectaciones que solo han recibido asistencia post evento pero nada se ha hecho por “prevenir” o simplemente “reducir” las amenazas, aún cuando el Estado esta comprometido jurídicamente en brindar soluciones según lo establecido en el articulo 55 de nuestra Carta Magna. Por ello, es necesario definir los niveles y compromisos de cada gerente o rector de los Organismos de seguridad ciudadana partiendo de la realidad actual y previa evaluación de los pocos recursos con que se cuentan en un momento determinado para enfrentar los impactos de la naturaleza, algunos producto del cambio climático mundial: hoy “el niño” y mañana quizás el fenómeno “la niña”, y en otros casos promovidos inconscientemente por la mano del hombre, donde pueden superar la creencia y capacidad de conocimiento que se tenga por la presumida experiencia y la resiliencia que surge ante el desastre. El colectivo guariqueño observa grandes niveles de vulnerabilidad muchos por la falta de preparación y capacitación en materia de eventos adversos y otros por convivir en sectores de riesgo donde las amenazas socio naturales han registrado secuelas lamentables. También destaca la inexistencia de un mapa de caracterización de riesgos y amenazas, de un plan de dotación permanente de los Organismos de primera respuesta, de planes de contingencia actualizados discutidos y aprobados por el poder comunal, y por otro parte, la consideración de superar la visión excluyente del “voluntariado” de Organizaciones de Rescate guariqueñas, ya que con ello, lamentablemente se evita la suma de voluntad y trabajo al fortalecimiento del Sistema Estadal de Protección Civil y Administración de Desastres contraviniendo los postulados de la Ley de Protección Civil vigente. Posición que para líderes de las organizaciones solo cambiará si hay humildad y conciencia “socialista” en vez de crear disyuntivas injustificadas propias de la extinta cuarta república. Es necesario establecer políticas acertadas en materia de administración de emergencias y desastres, donde se planteen nuevos paradigmas en niveles de gestión técnica de alto nivel, donde se evalúe la realidad fisiogeografica guariqueña y con esta los niveles de amenazas, en procura de establecer protocolos de actuación acordes con los escenarios pre y post desastres, dejando a un lado el costumbrista criterio de esperar que sucedan calamidades para expresar el ser meramente “asistencialistas” practicantes del “protagonismo” y constructores de la acción “competitiva” frente al dolor, la penuria y el sufrimiento ajeno. Es determinante una conducta optimista y de entrega hacia la Gestión integral de riesgos con un aditivo “profesional” basado en principios y valores de responsabilidad, compromiso social, ética, respeto por la vida y amor por la patria con la práctica de solidaridad y la tolerancia sin menospreciar ni aupar sobre los demás actores. La humildad del gentilicio guariqueño debe respetarse, y sus deseos de crecer cada día deben alimentarse con conocimientos previsivos para que desarrolle adaptación y mecanismos autosuficientes de convivencia con los riesgos y amenazas que le son comunes en su entorno. Realmente debemos ajustar las agendas en prevención de desastres con la implementación de la investigación acción, dando paso a nuevos planes educativos que conlleven al fortalecimiento de la cultura de prevención, para la atención y la rehabilitación en el ciclo de las emergencias, ya que solo así cumpliremos con el proceso planificado, concertado, participativo e integral de reducción de las condiciones de riesgo de desastres en la búsqueda del desarrollo sostenible, que conceptualiza la Gestión de riesgo. Las obras, proyectos y programas que se ejecutan como alternativas de “cambio” son componentes “escenciales” del proceso de desarrollo integral de un Estado, pero la ejecución debe estar estrechamente vinculada con las obras de mitigación y recuperación de aquellos daños causados al medio. De lo contrario son cimientos para el desastre y en el tiempo se potencian en factores desencadenantes de calamidades inesperadas. Desde este punto de vista el colectivo debe hacer valer sus derechos al exigir seguimiento mediante el análisis y la evaluación de riesgo de forma permanente, como garantía de un desarrollo sustentable en función de una mejor calidad de vida.
Por Argenis Sánchez









saludos. excelente reflexion.